El acantilado no está muy lejos de mi nariz, de hecho, yace en la esquina. En ocasiones, me alejo esperando no sentir su hedor. Pero es extraño, mientras a mayor distancia estás de mi sentido del olfato; más te acercas a mis pensamientos. Me preocupo de ti cada día y esto es muy factible que se produzca por un cierto atractivo hacia tu ser. A veces intento averiguar el motivo, agarro un par de objetos y melodramáticas pero profundas palabras y salgo a tu cacería. Ahí , cuando termino de empacar es cuando razono que eres más complejo de conocer que cada trozo de montaña, pero por ende, eres visible a mis ojos y ya no causas ese misterio que el viento genera desde que lo sentí por primera vez en el coche mientras papá me llevaba a la plaza Yungay donde los niños jugaban en sus autos y donde ahora los estúpidos borrachos tienen una excusa para celebrar su ignorancia por lo mismo que yo desconozco. Creo que voy muy denso, voy a simplificar un poco mis palabras, pero mejor no, si lo hago también perdería la fuerza y poder simbólico de lo que estoy intentando narrar aquí en este papel digital.
Cuando veo mis armas para enfrentarte, por favor hippies o intentos de esto, hay cosas que se llaman metáforas, y no voy a gastar huellas digitales en explicar algo que sabemos o espero, que aprovechemos lo poco y nada servible que nos dejo la ilustración y cualquier fenómeno positivista y artístico, pobre arte, como se ha banalizado. Estas armas (ahora si me enchufo), son escasas a la situación a la que me veo presente. Tal vez, genero un falso profeta dentro de mi, y claro que mayor inspiración de falsos profetas que el que encuentra en muchas esquinas del mundo, en edificios con cruces y en hogares llenos de miedo a morir. Pero si algo me causa tu repugnancia, y eso me diferencia de otros y me asemeja a unos cuantos, es que tu repulsión me impide tenerle miedo a la muerte, hasta he jugado con ella. No me cae bien eso si, tal vez porque después de tanta investigación y viajes por el subconsciente me di cuenta que casi caí en tu cobardía. Vida, que simple es vivir. Claro, las plantas y los animales también lo hacen, y nos sentimos superiores porque razonamos y ellos no, si creo que lo somos. Podemos destruir lo que ellos no, podemos manejar situaciones que tampoco realizan. Que mal hemos aprovechado nuestra superioridad entonces. Yo si salgo a cazar con mis pocas palabras, no me interesa formar un ejército o una religión como lo hacen otros, ni reunir gente para apoyar mi causa. Por que mi causa ya se responde cuando uso el posesivo MI.
Salí a buscarte, entre tanta peste , como lo eres tu y lo soy yo, cerdito cochino redundante que otras veces solemos llamar sociedad.
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